viernes, 15 de agosto de 2014

San Martín y el valor de la educación para construir un país basado en principios de igualdad y libertad.

La figura de San Martín tiene el primer lugar dentro de la versión de la historia que ha circulado en las escuelas argentinas, a través de las cuales se ha conformado la identidad de muchos de los ciudadanos de América latina. A San Martín se lo ha considerado Padre de la Patria, fundamentalmente a través de la ingente obra de Bartolomé Mitre[1]Historia de San Martín y de la emancipación americana y de la de Ricardo Rojas[2]El santo de la espada.
Haciendo un poco de memoria, recordaremos que, con 34 años, en 1812, habiendo alcanzado el grado de Teniente Coronel retornó a Buenos Aires, donde se puso al servicio de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Se le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo (que hoy lleva su nombre), el cual logró el triunfo en el Combate de San Lorenzo. Más tarde se le encargó la jefatura del Ejército del Norte, en reemplazo del General Manuel Belgrano.
Allí concibió su plan continental, comprendiendo que el triunfo patriota en la guerra de la independencia hispanoamericana sólo se lograría con la eliminación de todos los núcleos realistas que eran los centros de poder leales a mantener el sistema colonial en América.[3]
Estos datos históricos han promovido una determinada representación del General José de San Martín. A través de la búsqueda, la lectura, la escritura, la oralidad, se posibilita el abordaje sobre distintas representaciones que tenemos, a veces parciales, de personas o hechos.
Así, nos aproximamos a ciertas conceptualizaciones, y explicaciones de discursos específicos de las ciencias sociales para comprender algunas alternativas y no todas,  de la vida en sociedad en un tiempo y en un espacio determinado. [4]
De este modo construimos un sistema de representaciones por el cual se construye nuestra identidad. Es una representación mental que nosotros como  sociedad tenemos  sobre nosotros mismos.

Para estudiar el tema sobre el conjunto de representaciones o imaginario social podríamos considerar dos  ejes de análisis: el social, en cuanto a la memoria que nos brindan diferentes fuentes, y por otro lado, la cultura —en especial la educación— en cuanto, saber que pensamiento se gestó para ilustrar profundamente el ambiente y las acciones.
Considerar estas cuestiones supone aproximarnos al contexto que contuvo su vida.
Hoy presentamos esa perspectiva, desde el eje cultural: la del hombre, su acción humana, porque “saber solamente que venció en San Lorenzo, en Chacabuco y en Maipú es  soslayar quién fue y qué fuerzas morales y públicas representaba a la hora de esas batallas (…).”[5]
Una imagen muy difundida, es por ejemplo, la que presenta a San Martín,  lejos de la patria que lo vio nacer y por la cual luchó, la de un hombre que se dedicó al cuidado de su única hija, como él mismo la llamaba: “la infanta mendocina”.[6]
San Martín, también junto a otros destacados de nuestra historia, se preocupó por la educación y, a modo de ejemplo, se cita una circular que narró para los maestros mendocinos, destacando nuevamente el valor de la educación para construir un país basado en principios de igualdad y libertad.
Se dirige a esos maestros en los siguientes términos: “La educación formó el espíritu de los hombres. La naturaleza misma, el genio, la índole, ceden a la acción frente a este admirable resorte de la sociedad (…) La libertad, ídolo de los pueblos libres (…) El destino del preceptor de primeras letras que usted ocupa le obliga íntimamente a suministrar estas ideas a sus alumnos. Recuerde usted que esos tiernos renuevos, dirigidos por manos maestras, formarán algún día una nación culta, libre y gloriosa. El gobierno le impone el mayor esmero y vigilancia en inspirarles el patriotismo y virtudes cívicas, haciéndoles entender en lo posible que ya no pertenecen al suelo de una colonia miserable, sino a un pueblo libre y virtuoso (…).”[7]
Desde el año 1956,  se había establecido a nivel nacional, el Día del Padre, en homenaje al Padre de la Patria, General José de San Martín; en el día del nacimiento de su hija Merceditas.
El proyecto de Ley presentado por Expediente Nº S-1834/12, instituyendo como "Día del Padre" el 24 de agosto, que se conmemoraría el tercer domingo de agosto de cada año ha perdido estado parlamentario por no haber recibido tratamiento durante dos años.
Para beneplácito de muchos de nosotros, el mismo fue reproducido el 29 de mayo de 2014 por expediente Nº S-16136/14, quedando a la espera de su tratamiento.
Cabe destacar que en la única provincia que se celebra esta fecha es la de Mendoza y en el Partido de General San Martín - Provincia de Buenos Aires por Resolución (Expíe. Nº 394-CC-2008) se instituyó el mismo día: 24 de agosto de cada año, como DÍA DEL PADRE ARGENTINO[8]


En 1825  José de San Martín redactó once máximas para su hija Mercedes Tomasa de San Martín, que tenía entonces 9 años. Quiso de esta manera contribuir a que Merceditas (que 2 años antes había quedado huérfana de madre) lograra alcanzar la felicidad en su vida. 
Las «Máximas para mi hija»






[2] Ricardo Rojas (San Miguel de Tucumán16 de septiembre de 1882 – Buenos Aires29 de julio de 1957) fue un periodista y escritor argentino. Provenía de una de las familias más influyentes de Santiago del Estero, donde su padre fue gobernador.
[3] http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_de_San_Mart%C3%ADn
[4]http://servicios2.abc.gov.ar/lainstitucion/sistemaeducativo/educprimaria/destacado/17deagosto/efemeride_17deagosto2009segundo_ciclo_propuestas.pdf
[5] Capdevila, Arturo, El Pensamiento Vivo de San Martín, 3ra., Buenos Aires, Losada, 1945, p. 15.
[6] Secretaría General, Organización de los Estados Americanos, Op. Cit., p. 8.
[7] Ibídem, pp. 31 y 32.
[8] http://www.diadelpadre.org