martes, 26 de agosto de 2014

Rebatiendo lo que otros dicen

El lenguaje no es un ente estático ni ajeno al uso. Así, por definición, nunca puede ser natural. Al contrario, es una construcción humana que refleja determinados valores (con frecuencia, los dominantes), un constructo social y una cuestión de hábito que responde a las necesidades de comunicación de una sociedad, tiempo y lugar determinado. Y por lo tanto, puede cambiar(se). [1]
El lenguaje se ha ido construyendo socialmente desde un punto de vista androcéntrico porque ése era el punto de vista de los grupos de poder, encargados de convertir sus valores culturales e ideológicos en los dominantes, presentando como necesaria y única posible la que no es más que una forma (de entre muchas) de organización social.[2]

 El lenguaje no sexista es contrario a la economía del lenguaje
“Los empleados y las empleadas gallegos y gallegas están descontentos y descontentas por haber sido instados e instadas, e incluso obligados y obligadas, a declararse católicos y católicas”. Éste es un ejemplo de lo que en innumerables ocasiones se nos presenta como lenguaje no sexista en aquellas instancias donde pretenden convencernos de lo absurdo que resulta promover la inclusión lingüística de género, pues de forma clara “para no ser sexistas, se violenta la economía lingüística, pero eso qué más da” (Miguel García-Posada en El País, 23/1/1997). En realidad, esto es sólo una verdad a medias. Lo es desde por lo menos cuatro puntos de vista.
Para comenzar, el objetivo del lenguaje no sexista no consiste en absoluto en crear expresiones de este tipo que invitan a la ridiculez, sino frases que hagan pensar en la representación de mujeres y hombres en la lengua como podrían ser “las empleadas y empleados de Galicia están descontentos porque fueron instados, e incluso obligados, a declararse personas católicas”. No se trata de repetir todas las palabras de la frase con flexión de género, sino de duplicar por lo menos en una ocasión las palabras que aluden a mujeres y hombres para que amb@s estén explícitamente mencionados y sean visibles en la representación mental que hacemos de la realidad. Con frecuencia, suele preferirse que se duplique el grupo nominal de la frase (ya que a nivel cognitivo es el que más poder evocador tiene en crear una imagen mental determinada), pero dependiendo de cada caso puede resultar más apropiado duplicar el artículo (“las y los periodistas”) o el adjetivo (“profesionales cualificadas y cualificados”).
La economía lingüística no es una regla que esté siempre presente en las lenguas porque, de hecho, el lenguaje sexista es el primero en no seguir el principio de la economía del lenguaje. Son frecuentes enunciados como ‘mujer soldado’, ‘mujeres escritoras’, ‘mujeres panameñas’, o frases como ‘treinta inmigrantes y una mujer llegan a las costas’ o ‘cada vez hay más mujeres ingenieras’, incurriendo así en comportamientos sexistas en algunos contextos por la insistencia innecesaria en el término mujer, que acaba haciendo que la mujer sea, por encima de su profesión o procedencia, un ser sexuado. Como ha apuntado Mercedes Bengoechea, tampoco respeta la economía lingüística, ni es simétrico, utilizar el nombre de pila delante del apellido para referirse a mujeres, cuando ese comportamiento no se produce con los hombres. Esta no economía lingüística queda en evidencia en frases como la extraída del contexto gallego, “Rosalía Mera se reunió con Barreiro”. Si bien es cierto que con el nombre garantizamos la visibilidad de la mujer, no emplearlo también con el masculino (además de muy necesario en casos como éste, en el que no es posible saber si el apellido Barreiro se refiere a Xosé Luís Barreiro Rivas, Xosé Ramón Barreiro Fernández, Xosé Manuel Barreiro o a otro Barreiro cualquiera) puede contribuir en algunos contextos a crear una cercanía con la mujer que relega su relevancia social a segundo plano.
Tendremos que acabar diciendo “el sapo y la sapa”...
Desde las instancias normativas de la lengua incluso se nos dice que según “estas plastas tendríamos que hablar siempre de la jirafa y el jirafo, la cebra y el cebro... Desean hacer de la lengua algo odioso, inservible y soporífero” (Javier Marías en EPS, 13/7/2008).
Lo que sucede es que las y los feministas no consideran que decir ‘sapo’ sea sexista, y por ese motivo nunca reivindican decir ‘sapa’ para referirse al sapo hembra, ni ‘hormigo’ para referirse a la hormiga macho. Ellos consideran que los nombres de animales sí son epicenos –el ratón, el pez, el ciervo, la jirafa, la rata, el pájaro, la hormiga, el mosquito, la rana– y no resultan discriminatorios porque los animales no piensan con nuestras palabras, es decir, nuestro lenguaje no es un organizador cognitivo de sus acciones y de este modo no está relacionado con su discriminación social por razón de sexo. Simplemente existe masculino y femenino para aquellas especies que nos resultan muy próximas a las personas, y cuyo sexo sí nos es relevante: no es lo mismo tener una vaca que un buey o un toro, ni es lo mismo tener un perro que una perra. Queda claro pues que estos argumentos pierden fuerza, a pesar del empeño de algunos que buscan la complicidad social para distorsionar el verdadero sentido del lenguaje no sexista.[3]

De acuerdo con la Nueva Gramática (cap. 11, 1a), «el género es una propiedad de los nombres y de los pronombres que tiene carácter inherente y produce efectos en la concordancia con los determinantes, los cuantificadores, los adjetivos y a veces con otras clases de palabras››. Estas categorías reproducen la marca de género de los sustantivos o de los pronombres; ejemplos: el (artículo masculino) niño (sustantivo masculino) travieso (adjetivo masculino); ella (pronombre personal femenino) es muy bondadosa (adjetivo femenino); este (demostrativo masculino) quinto (numeral masculino) aniversario (sustantivo masculino). En muchos casos el sustantivo por sí solo no determina el sexo del referente; por ejemplo, en los sustantivos epicenos de animales: culebra, hiena, hormiga, y de persona: víctima, criatura, persona (son femeninos independientemente del referente designado): Juan fue una de las víctimas del terremoto.[4]



[1] Castro Vazquez, O. (2010) Rebatiendo lo que otros dicen del lenguaje no sexista. http://www.ciudaddemujeres.com/articulos/Rebatiendo-lo-que-otrOs-dicen-del. Recuperado 31.3.14
[2] Id.
[3] Id.
[4] Sistema de Información Científica Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto